A lo largo de nuestra vida pasamos por diferentes etapas,
entre las que la etapa de incertidumbre no puede faltar. Este periodo, aunque
nos parezca desesperante, es totalmente necesario.
Todos deberíamos tener de vez en cuando una etapa de
reflexión, en la que podamos replantearnos qué cambios podrían favorecer
nuestra calidad de vida y si el camino que estamos recorriendo lleva una
dirección adecuada, una dirección fiel a la meta que queremos conseguir.
He de decir que suele resultar muy costoso tomarse este
tiempo de análisis porque la mente no deja de trabajar, y muchos aspectos de
nuestra vida que antes pasaban desapercibidos comienzan a tomar importancia
haciéndonos cuestionar temas que en principio teníamos claros. Por esta razón,
es importante destacar que cuando comenzamos este tiempo de reestructuración es
habitual que se cree una especie de caos, haciéndonos sentir más perdidos que
antes. Pero es algo normal, no debemos sentir miedo. Es solo una sensación
inicial.
¿Cuáles son las claves para darse cuenta que es necesario un
periodo de reflexión?
1. Te sientes extraño/a y no sabes el por qué. Seguro que en
muchas ocasiones te sientes raro/a, triste o enfadado/a y no tienes clara cuál
es la razón. Mi consejo es que te pares a pensar tranquilamente sobre lo que ha
pasado en días previos. Pueden ser cosas muy insignificantes, pero que pueden
estar dejando huella.
Una buena idea es coger un papel y crear dos columnas. En la
primera escribe lo primero que se te venga a la cabeza como posible motivo. Tal
vez sea una tontería y en un primer momento pretendas desecharlo, pero en
situaciones así es de gran ayuda reflexionar sobre lo primero que se nos viene
a la cabeza, ya que aunque creamos que no, esa información que evoca nuestro
cerebro con tanta rapidez forma parte de pensamientos que están muy activos y que
pueden estar mermando nuestro estado de ánimo. Apunta los pensamientos fugaces
y primarios, ya que pueden ser la clave.
Después de esto, indaga el por qué pueden estar tan activados
esos pensamientos. Por ejemplo, imagina que no sabes que te pasa y lo primero
que se te viene a la cabeza es un comentario del tipo: "no sé hacer
nada". Apunta este pensamiento y empieza a indagar qué es lo que ha podido
hacer que éste esté rondando por tu mente: tal vez no haber conseguido un
objetivo, el comentario de alguna persona importante para ti, etc. Es
imprescindible localizar la razón de un pensamiento para poder intervenir sobre
él. Luego, apunta en la segunda columna las razones por las que ese pensamiento
negativo es equivocado. Éste es un
bloque que debe irradiar positividad. Céntrate en él.
Eso sí, no olvides que en la mayoría de ocasiones cuando no
sabemos lo que nos pasa buscamos un motivo externo y creemos saber determinarlo
con exactitud, ya que siempre es más fácil no pararnos a reflexionar o indagar. No tengas miedo a reflexionar.
Indaga dentro de ti. Aunque el ambiente y los demás tienen un gran impacto en
nosotros, la clave de cómo nos sentimos está dentro de nosotros mismos, en cómo interpretamos las situaciones y la
importancia que les damos. Tal vez eres tú quien tiene que empezar a tomarse
las cosas de otra manera.
2. Te sientes incompleto/a. En ocasiones puedes sentir que
algo te falta. Esto comienza a ocurrir porque, independientemente de que
siempre las cosas pueden ir mejor, estamos centrándonos en lo que no tenemos, y
estamos perdiendo de vista el valor de lo que sí tenemos. Con esto no quiero
decir que no sea sano querer "más". Es evidente que nunca debemos
dejar de luchar por nuestros objetivos y por sentirnos más completos. Pero
antes de enfrascarte en ese pensamiento, párate a pensar en si has empezado a
perder de vista lo que tienes. Valóralo.
3. Alguna situación personal no va del todo bien. Con esto me
refiero a situación laboral, familiar, de pareja, o de cualquier otra índole.
Es importante que antes de tomar decisiones extremas como por ejemplo, dejar el
trabajo, irte de casa, romper con tu pareja, etc., te tomes un periodo de
reflexión; y si es necesario pasar días en soledad, date la oportunidad de
tener tiempo para ti y para tus pensamientos. En la mayoría de ocasiones, salir
simplemente un corto periodo de tiempo de la rutina o de contextos que ahora
mismo te bloquean hacen que cuando vuelvas a ellos seas capaz de afrontar el
día a día desde otra perspectiva y vuelvas a ver el por qué un día decidiste
estar dentro de ese ambiente o estar al lado de esas personas.
De igual forma, debes entender que el periodo de reflexión no
es sinónimo de pensamiento constante. Nuestra mente también debe descansar, ya
que un cerebro cansado altera nuestros pensamientos. Si sientes en determinados
momentos que no vas a llegar a ninguna conclusión, tómate la libertad de dejar
a un lado estas reflexiones y de cambiar de aire, ya sea dando un paseo, leyendo un buen libro....la cuestión es hacer algo que te permita
desconectar. Tal vez mañana veas las cosas desde otro punto de vista. No
tengas prisa.
Diana Martín
